Ch.I. ¿Quién es el Rey de San Gregorio?
Alfonso ¡Pedro es el Rey de San Gregorio! Mira, esta película tiene algo bien relacionado con el destino, diría yo. Nace el año 94 en unas misiones organizadas por la Vicaría Pastoral Universitaria, donde teníamos como objetivo ir a conocer a un grupo de discapacitados que vivían en la población San Gregorio. Nos quedamos allá, fuimos a conocer la población, la gente y, como dos días después… ¡pum! fuimos a una reunión de los discapacitados. Ahí se juntaban unas veintitantas personas en una parroquia, que tenían diferentes discapacidades físicas y mentales. Y la característica que primero te llamaba la atención era que eran muy… alegres. Eran personas de entre treinta y cuarenta, pero que tenían personalidad de niños. Cuando llegabai te abrazaban, te tiraban la talla… y ahí el rey, el personaje más luminoso que existía, era Pedrito, Pedro Vargas. Un hombre que ,cuando conocí, te abrazaba, cariñoso, seco para la talla… El primer día que lo vi, se notaba altiro que era un tipo que tenía un desplante y un carisma impresionante.
La cosa es que estuvimos toda la semana conociendo esa realidad, que de repente era súper fuerte: gente que estaba postrada en sus camas... Enganché con el grupo y seguí yendo como voluntario. Me tocaba ir a buscar a la gente a las casas y llevarlas a las reuniones. Siempre Pedro me acompañaba, como otro voluntario, siendo él discapacitado. Y sacábamos a una persona que se llamaba Juan de su cama. El tipo tenía como una sonda entonces, cuando llegábamos, teníamos que ayudarlo a sondearse… le metíamos unas cosas por la guata, y nos daba el pipí en unas botellas de Coca-Cola de litro. Y de repente la Coca-Cola se rebalsaba y yo decía: ¡puta, qué loca esta güevá! ¡qué fuerte! Y Pedrito le limpiaba ahí, le sacaba la sonda, lo sacábamos los dos de la cama, lo poníamos en una silla de ruedas, le poníamos las zapatillas, le echábamos colonia y nos íbamos a la reunión. Entonces pasábamos justo por entre medio de la feria, entre medio de perros, de la gente… yo empecé a cachar a señoras con un carrito, igual que en el supermercado, que recogían pedazos de tomates podridos, frutas, yo decía: ¡qué surrealista esta güevá! Y nosotros entre medio... los compadres le gritaban: ¡buena Pedrito! ¡buena rey! ¡cómo está hermanito! ¡cómo está la Eli, la polola! Puta y yo ¡encontraba tan loca esta güevá! Era todos los jueves lo mismo: tres y cuarto, pasábamos, los gritos, los viejitos recogiendo cosas, las señoras recogiendo frutas, barrenderos limpiando, algunos sacando los armatostes de la feria, algunos fumándose unos pitos.
En la reunión, Pedro dejaba a la gente ahí e iba a buscar a su princesa. De repente yo lo acompañaba. Generalmente, ella estaba comiendo, almorzaba súper tarde con la hermana. Vivía con la hermana porque la mamá las abandonó. Llegaba Pedrito y le daba de comer, y ahí como que la arreglaba, la hermana le pegaba una pequeña pintada y nos íbamos a la reunión los tres, ellos tomados de la mano. Llegábamos a la reunión y Pedrito la abrazaba… Reuniones súper simples, donde jugaban dominó, cartas, hacían una oración tomados de las manos y tomaban tecito. Y de esa rutina, yo me fui metiendo, metiendo, me fui metiendo en la vida de Pedro y, básicamente, empecé a conocer su historia, su historia de amor, que era súper potente. Y empecé a cachar de a poquitito que a la mamá le cargaba que fuera para allá porque Pedro, cuando se separaban, tipo seis de la tarde, ellos se tomaban de las manos y había que separarlos igual que estos perritos boxers cuando se pegan… y no querían separarse, y les daba ataques a los dos... a ella le daban unas pataletas, Pedro gritaba: ¡no! ¡no! ¡no me quiero separar! Teníamos que ayudarnos entre dos, tres personas, separarlos. Pedro estaba tenso. De ahí lo íbamos a dejar a la casa, la mamá lo retaba, que ya estaba otra vez con esta niña. Pedro se encerraba en la pieza, hasta que se quedaba dormido. Lo mismo con la niña en su casa. Entonces ahí empezaron a cachar que esta cosa como que no les convenía. De a poco ella dejó de ir a las reuniones, hasta que llegó un momento en que no fue más. Porque ella tenía una discapacidad mucho mayor, una discapacidad mental fuertísima. Pedro quedó para la cagá… quedó súper triste, la iba a buscar de repente. Un día se perdió ella, Pedro se angustió y la salió a buscar… Ahí yo empecé a cachar que esta era una historia potente y, paralelamente, me fui dando cuenta de que Pedro era muy histriónico. A fin de año, súper modestamente, empezamos a hacer unos pequeños montajes de Navidad. Yo vestí a Pedro y a varios de ángeles, en una representación del nacimiento, y ahí caché que Pedro se robaba la película, invitamos a los familiares, y al final todos aplaudiendo… Ahí yo dije: ¡oye, el güevón seco!
Ch.I. ¿Y cómo surgió la idea la película sobre el rey?
Alfonso De a poquito fue creciendo, hasta que un día nos tiramos, postulamos a un proyecto FOSIS, y nos ganamos una plata, nada, e hicimos un montaje de El Mago de Oz. Lo presentamos en el parque del MIM, a lado en el parque Brasil, con público, hicimos escenografía y de nuevo el Pedro se robó la película. Y caché que todos los amigos, el hombre de lata y todos, eran secos actores y dije: algún día tengo que hacer algo acá. Empezamos a tirar líneas para hacer un documental, recogiendo súper preciso lo que había vivido: Pedro en su casa, iba a buscar al discapacitado, lo sondeaba, pasaba por la feria, llegaba donde la Katty , le daban los ataques ¡bum! Como que tenía un guión súper básico para hacer un documental, registrar… De hecho, un día registré eso, muy básicamente, en Video 8. El año 98 empecé a escribir y postulé el 2000 al FONDART, con el documental El Rey de San Gregorio. Bueno, no me pescaron mucho, y me pusieron que era complicado dirigir a discapacitados, porque también tenía un poco de ficción. Fui madurando el proyecto y empecé a darme cuenta de que personajes claves, como la mamá de Pedro y este tipo que se sondeaba, no me iban a dar el carisma y la interacción con Pedro. Porque, si bien era una realidad jevi, había que darle un toque para que pudieran interactuar con él, porque Pedro se robaba la película.
Entonces empecé a decir: ¿qué pasa si meto a un actor? Partí sacando al Juan verdadero, y ahí conocí a Andrés Rillón. Le conté el proyecto a Don Pío y le encantó. Después fui metiendo a la madre y a otras dos personas, tratando de que no fueran personas conocidas, sino más bien actores de escuela para darle el tema de realidad. De nuevo postulé el año 2002 al FONDART, de nuevo no me lo gané, y el 2004 me tiré a filmar con una plata que me conseguí. Hicimos un evento para inversionistas, presentamos un pedazo de la obra El Mago de Oz. La gente quedó muy maravillada y ahí nos conseguimos diecisiete millones, que fue la plata para el rodaje. Nos tiramos el 10 de enero del 2004 a filmar la película. Terminamos la primera parte, con asalto y todo porque nos asaltaron allá, el primero de febrero. Tuvimos que volver a retomar. Estuvimos parados unos días porque nos robaron la cámara, luces, la gente quedó súper impactada. Y ahí hicimos un armado para el FONDART, rapidísimo, hicimos un corte como en un mes, y presentamos al FONDART a finales de mayo. Gracias a Dios, el 22 de julio nos ganamos el FONDART y me dieron la plata con la que hice la postproducción. Un año después, ya haciendo como el tercer corte, me di cuenta de que faltaban cosas y retomé de nuevo ahora en marzo del 2005.
Ch.I. En la película tú abordas dos marginalidades, la marginalidad de la pobreza social y la de la discapacidad mental, y le das un enfoque festivo, presentando una historia de amor entre discapacitados que, de alguna manera, los habilita como seres humanos ¿eso es parte de una reflexión tuya sobre el tema?
Alfonso Claro. De hecho, partiendo de la base de que este grupo de discapacitados, cuando yo fui los primeros años, era súper contrastado. Porque por un lado eran personajes muy alegres, y con unas vidas muy potentes por la pobreza. Porque vivían con sus padres, pero en una situación súper decadente, por un lado. Y en estas reuniones de discapacitados, que eran las instancias en que ellos salían de sus casas, no teníamos nada para darles. O sea, era solamente tomar té, rezar y de repente hacer un lego y, uno desde afuera, decía ¿cómo hacer algo más potente? Cuando surgió el proyecto de hacer la película y las obras de teatro, estos jóvenes como que revivieron. Tenerlos meses ensayando la obra, la coordinadora, la señora Carmen, haciendo los disfraces... Un día fuimos a la Cámara de Diputados a presentar la obra, y ellos iban chochos en el bus, se creían actores, iban las mamás felices, de repente un cabro los entrevistó… Entonces, yo vi esa cosa y dije: ¿cómo será si esa misma realidad la llevamos a una película? ¿cómo será el impacto social? Y, obviamente, en la filmación ocurrió lo mismo y creo que al filmar, y al darles un espacio de actividad, y decirles: ustedes van a actuar, van a ser un personaje importante para la sociedad, y más encima el protagonista y otros van a recibir un sueldo, no solamente les voy a dar dignidad sino que los voy a hacer mejores personas y puede que tengan una fuente laboral. Puede que a Pedro, a partir de la película, algún día lo contraten para hacer otra cosa. Y eso, más lo que pasó con la película, les ha dado un espacio vital, un espacio de sentirse personas insertas en la sociedad, y que pueden dedicarse al arte o dedicarse a otras actividades orientadas a potenciar sus habilidades. Porque ellos, perdidos en ese grupo de discapacitados en una población pasan desapercibidos. Pero ahora al poner a Pedro en un contexto de actor, en que tiene que ocupar su creatividad e intuición para desarrollarse, les estamos dando una profesión y una dignidad. Y ahí ya salieron de la pobreza, ya salieron de la discapacidad.
Ch.I. Para ti ¿cuál es la relación entre cine y fe?
Alfonso Muy ligada. Yo, de los cineastas que más he admirado y admiro todavía aunque esté muerto es Krzysztof Kieslowski. Al ver su Decálogo, donde cuenta historias que hizo muy documentales, que me acerca al tema documental, en la Polonia donde él mostraba la realidad de gente de la clase media, con desesperanza… Que él con el tema católico, pero no con el tema católico moralista sino que más bien con el tema católico como esperanzador y muy reflexivo, me fue dando claves de que ese cine me gustaba mucho. Entonces, como este proyecto nació de una misión católica social, que me atrajo mucho… yo antes había participado haciendo acciones en la calle… siento que esa realidad me impacta mucho. Pero siempre desde el punto de vista humano, siempre la persona primero, el ser humano que tiene dolor y que puede superar su dolor a través de la fe. Mi postura en El Rey de San Gregorio, y de futuras películas, es centrar el tema de la fe y el tema del dolor en el ser humano, en lo cotidiano, en el país que yo vivo que es Chile, que aquí se ve mucho eso. Y siempre con una cuota de esperanza. Yo creo que a mí el tema de la esperanza y el tema del “salir de” es un leit motiv súper impulsador. Esa empatía y ese tipo de acercamiento a la religión es el que me gusta a mí… a través de la sensibilidad, a través de la esperanza y de la fe.
Ch.I. Tú optaste por trabajar una interacción entre actores profesionales, actores discapacitados y no actores ¿cuál es tu evaluación de esa apuesta al final de todo el proceso?
Alfonso Mira, igual había un riesgo. El año anterior de hacer la película, cuando tenía el guión casi listo, empecé a documentarme mucho viendo mucho cine, yo soy muy cinéfilo, y vi mucho cine dogma, donde había esa realidad, y se da finalmente esa suerte de documental y de realidad con personas que tú decís: ¿esas personas de dónde son, de la calle? Ese dogma me impactó mucho. Y después también me impresionó mucho el cine iraní: historias como Los Niños del Cielo, El Color del Paraíso, El Sabor de la Cereza , eran personas también de la calle que lograban esa empatía. Entonces primero la apuesta era hacer el tema completamente con gente de ahí. Pero empecé a darme cuenta, y también personas que ayudaban en el proyecto me aconsejaron, que si incorporaba actores en este mundo podía dar resultados. Pero obviamente que el temor era cómo iba a salir esta mixtura. Y fui llevándolos. Empecé a llevar a Rillón, empecé a llevar a la Gloria Munchmeyer, para que conocieran esa realidad. Y la conclusión que sacamos con ambos era que ellos no tenían que actuar. Tenían que bajar al nivel de los discapacitados, o sea, improvisar, cero texto y observarlos a ellos y, a partir de ellos, ellos ser. Yo creo que finalmente ellos usaron mucho su intuición, porque tanto Gloria como Andrés fueron muy inteligentes e intuitivos al decir: nosotros no actuamos, dejamos que ellos partan y nosotros los seguimos. A mi juicio, esa forma fue la indicada, fue la que mi me pareció la más correcta y fue la que me dio esa cuota de veracidad. La mayoría de las mejores escenas fueron improvisadas y a la primera.
Lo mismo ocurre con la polola de Pedrito, con la María José Vargas. Ella es actriz, y estaba en ese momento saliendo de Teatro de la Universidad de Chile… nadie la conocía. Yo creo que ella fue más detallista, porque ella fue y conoció a la verdadera discapacitada que era la Elizabeth Córdoba , y estuvo con ella… La María José empezó a observar detalles que después fueron súper buenos en la película, como el cómo ponía ella las manos… A la Eli , siempre le gustaba tomar Coca-Cola y había un negocio donde ella iba a comprar Coca-Cola de litro, de estas botellas de cristal. Y se dejaba la tapa de la botella en la mano izquierda. Y a la mano como que le daba una forma, como casi de hemipléjico. Y la María José adoptó ese detalle. Se puso la tapita, que es un detalle mínimo, pero que le da todo un síntoma de discapacidad. Yo creo que ella, al observar eso, se metió en este mundo de la discapacidad. Y ella tenía un doble reto, porque tenía que pasar por discapacitada en este grupo de discapacitados que estaban en la reunión. Hay varias escenas en que yo registro a este grupo de discapacitados comiendo, riéndose en el parque en un paseo, y ella está metida en este mundo y tenía que ser uno más. Y, por lo que me ha dicho la gente, ella es una discapacitada más. A mí una de las cosas que más gusto me ha dado es que, cuando me invitaron al Festival de Toulouse, a Cine en Construcción, la gente al final de la película reconoció el tema de la actuación, de Pedro, que estaban muy bien dirigidos los discapacitados, especialmente la niña discapacitada la polola de él. Y yo les dije: ¿perdón? ella no es discapacitada, ella es actriz… ¡y no lo podían creer! Entonces yo dije: si lo estoy logrando con los europeos, que son para mí un parámetro súper importante de actuación y de sensibilidad y de sutileza, especialmente de sutileza, quiere decir que está logrado eso. Yo creo que fue un proceso difícil en un momento, arriesgado yo creo que es la palabra, y la pensé mucho, mucho… mucha reflexión: o me la juego por entero por los discapacitados y no meto actores, o meto actores... pero tienen que ser elegidos con pinzas. Y, bueno, ahí tuve una intuición y una capacidad para ser riguroso con los actores. Creo que tuve la sensibilidad para elegir a los actores indicados.
Ch.I. ¿Cómo te sientes con tu película en el actual panorama de las películas que se hacen hoy en Chile?
Alfonso Yo creo que mi película hace unos años atrás podría haber sido casi un experimento, y haber sido mostrada solamente en escuelas, o en círculos muy de elite y de culto casi. Pero, por lo que se ha dado en este último tiempo, tanto en el área de los cortometrajes o de los otros largos que he podido ver, creo que ha habido ene diversidad. Creo que este año se van a estrenar unas cuatro, cinco películas súper distintas al cine chileno que se ha estado mostrando, que está más ligado a lo folclórico, a lo marginal… claro que la mía también tiene de eso. Pero creo que aquí hay una propuesta diferente, de mostrar quizás películas no tanto del punto de vista comercial o pensando en el público, sino que pensando en las historias que se han vivido, historias súper potentes y reales... mucho Dogma veo metido en lo que viene este año. Creo que mi película va a tener su espacio, va a estar ahí inserta. Creo que ya tiene un espacio, ya tiene un registro y creo que, con las otras que hay, vamos a hacer una súper buena propuesta para el cine chileno, que está siendo diverso… que eso es lo que me gusta. Ya no hay solamente un tipo de cine, sino que hay muchas más propuestas, y dentro de eso está El Rey de San Gregorio.
Ch.I. ¿Qué te gustaría provocar con tu película?
Alfonso Lo que más me gustaría que se produjera es que se conociera esta realidad. Yo respeto mucho lo que se muestra en la Teletón, creo que es un espacio súper ganado e importante para todos los chilenos y hace que muchas veces nosotros conozcamos esa realidad. Pero yo siento que la realidad de El Rey de San Gregorio es una realidad también, no sé si más marginal, pero una realidad de un contexto que mucha gente no conoce. No se conoce que en Chile, en las poblaciones, hay mucho discapacitado, y mucho problema económico con ellos. El hecho de vivir ahí… si nosotros alegamos que los discapacitados no tienen acceso con sus sillas de ruedas en las calles normales, ellos ¡por favor! ¡tienen tierra y en sus casas no tienen para nada el acceso a las comodidades! Yo eso no lo registré tanto porque no quise denunciar, más bien me río un poco al meter a alguien en silla de ruedas y hacer carreras en sillas de ruedas. Pero me gustaría que el público viera por lo menos que existe eso. Que viera que existe un tema de amor entre ellos, que es válido, o sea, es absolutamente válido. Es válido que tengan también una sexualidad, que puede costar un poco, que son temas que, como sociedad, no sé si no estamos preparados... son temas que no se muestran. Pero claro ¿qué pasaría si tienen hijos o se casan? Entonces me gustaría si la película pudiera crear una especie de debate, incluso a nivel de gobierno, de qué pasa con las pensiones de los discapacitados, qué pasa si los discapacitados se quieren casar ¿hay algún tipo de ayuda para una vivienda o a un control médico para que ellos sí pudieran estar juntos…? Si se puede crear ese debate, y si puedo que a la gente le llegue al corazón la película, que también es un objetivo muy importante para mí, yo con eso me voy pagado. Y el resto, si va tal cantidad de público o me gano tantos premios o gano tal cantidad de plata, es absolutamente secundario… súper por añadidura. Esa es la gran apuesta. Mi película no apuesta tanto a que la historia esté súper bien estructurada, a que el guión sea increíble ni nada, sino más bien a que te produzca sensaciones, que te pasen cosas a nivel emocional.
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