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  DAUNO TOTORO, REALIZADOR DE EL DESPOJO

“Yo creo que cuando uno hace documentales políticos, tiene que ir con zapato de clavos, de todas maneras… ¡porque esa es la función que uno tiene! Estamos diciendo las cosas que mucha gente quiere decir pero no tiene dónde decirlas. Y si tú tienes la mínima posibilidad de decirlas, y que repercuta, tienes la responsabilidad de decirla con fuerza.
     

Ch.I. Tú vienes antes de la política que del audiovisual ¿cómo fue tu paso desde la actividad estudiantil política a una actividad de investigación periodística?

Dauno
¡Ja¡ ¡no lo tengo muy claro yo tampoco! Yo, efectivamente, era un dirigente estudiantil político, cien por ciento entregado a esa tarea, mucho más que a la profesión que estaba estudiando. Yo estudié Biología en la Católica y me expulsaron el año '86, por un decreto transitorio de la Ley General de Universidades que me impedía continuar estudios superiores en cualquier institución de educación superior en Chile. Entonces me hicieron el favor de no obligarme a inscribirme en otra universidad para terminar la carrera que estaba siguiendo, aunque me faltaba un semestre para terminar. Y eso lo que logró fue lanzarme de lleno, como una patada en el culo muy fuerte, a una dedicación del cien por ciento del tiempo a la actividad política. Un empujoncito que me duró requetepoco porque sufrí un proceso de persecución muy fuerte, que terminó con varios de mis familiares secuestrados o presos, y yo terminé viviendo afuera. El año '89 ya me encontraba viviendo en una ciudad de Canadá, en Montreal, de refugiado, y se abrió un puesto para presentar proyectos para hacer programas en una radio. Presenté un proyecto y quedé para hacer un programa semanal como por un año. Se me ocurrió un título que ahora suena un poquito rimbombante, pero que para ese tiempo a mí me parecía súper adecuado: América Mágica No Ha Muerto, jaja.

Ch.I. Jaja, ¡Macondo!…

Dauno ¡Cien por ciento! Además que en esa época yo sí estaba profundamente influenciado y absorbido por las ideas del realismo mágico, etc. Bueno, pero fue ese programa el que yo hice a modo de guión: escribía un guión que, hasta con el punto y la coma, luego debía ser actuado ante un micrófono, con la entrada de la música y las intensidades... estaba todo guionado, completo… ¡y el programa tuvo un éxito increíble! Le fue súper bien entre la comunidad latinoamericana de Montreal, que es muy grande. Se me ocurrió entonces, ya después de un año, que era una lata seguir haciendo este programa así, y lo quería hacer en terreno. Entonces hice un proyecto para venirme de regreso a Chile, por tierra, con una radio, un grabador, y haciendo el mismo programa pero desde los lugares mismos.
El proyecto, que se llamó Por los Caminos de América Mágica, consistía en recorrer por tierra desde Canadá hasta Chile pero sin hacer uso en ninguna oportunidad de ninguna carretera importante, sin alojar en ciudades importantes, sino que pura comunidad… pura comunidad pequeña, y específicamente siguiendo las iniciativas comunitarias de comunicación que existieran en el camino: radios comunitarias, clubes comunitarios de teatro, estaciones de televisión comunitaria… Con mi compañera, con quien estábamos refugiados en Canadá, buscamos apoyos que no encontramos: nada, nada, nada, cero apoyo. Así es que decidimos hacerlo igual, a pulso. Trabajamos un resto por ahí, haciendo cualquier pega, y nos vinimos. Compramos un jeep antiguo, que se nos venía desarmando en el camino, e hicimos durante diez meses el recorrido.
Eso ya me acercó definitivamente al tema de la composición, en ese momento era todavía escrita y con audio, pero había ya todo un esquema de proyecto-guión-elaboración-edición y construir esto en algo de difusión masiva, sin perder el contenido, e intentando que la estética o el lenguaje acompañara ¡pero acompañara! el contenido. Hicimos un libro al regreso, y muchos programas de radio que se pasaron… porque además, hemos mantenido como equipo de trabajo hasta el día de hoy que, donde estemos, el compromiso adquirido es que el producto después pertenece a la comunidad. Entonces nosotros terminábamos estos programas de radio, en este viaje por ejemplo, e inmediatamente después nos encargábamos de hacerles las cintas… porque en todas estas radios comunitarias se empezaba a transmitir la serie.
Y en nuestro recorrido nos quedamos pegados tres meses en el Sureste mexicano. Antes del alzamiento zapatista, pero adentro de la selva de La Candona. Yo crecí de niño en México y, siendo mi madre antropóloga, me tocó de pequeñito estar en la misma selva. Entonces era muy extraño volver a esos lugares, que no habían cambiado en lo absoluto, ver el nivel espantoso de opresión, miseria y arrinconamiento de los pueblos mayas… sentir esa cosa tan extraña, que en el colegio te enseñan que los mayas eran hiperbacanes, que inventaron el cero, que las pirámides, que su cosmovisión y que su concepto del Cosmos y del Universo era impresionante, pero que, de pronto, habían desaparecido mágica y misteriosamente de la faz de la Tierra ¡como los dinosaurios! Y luego estar ahí y ver: ¡este es el pueblo maya! ¡lo que pasa es que, claro, desaparecieron de los libros de texto! Los mayas de hoy andan persiguiendo a los turistas con reproducciones en pequeño de las cosas que hacían sus tatarabuelos. Y, sin embargo, los guías de turismo en Chichen Itzá y en todas estas grandes ciudades antiguas, le contaban a los turistas que los mayas habían desaparecido misteriosamente y acto seguido se daban vuelta y le gritaban un insulto a los niñitos que estaban tratando de venderle reproducciones a los turistas, como: ¡sale mosca de mierda!, cuando, en realidad, ¡son los mayas! Eso es lo que no se entiende en ninguna parte, ni allá ni acá… ¡cero!
Y nos quedamos pegados ahí… y algo nos pasó, esto fue el año '90. ¡Nos pasó! porque, si bien estaba la cagada, o sea el nivel de opresión al que estaban sometidos y de persecución permanente de los pueblos indígenas en la selva de La Candona , había algo que nos llamaba la atención… algo soterrado, algo como que se movía en las noches, ¡algo pasaba! Entonces, cuando el primero de enero del '94 a través de la prensa nos enteramos del alzamiento exactamente en las mismas comunidades donde nos habíamos quedado tres meses, como que atamos muchos cabos. Y veintiocho días después yo estaba ya de regreso allá, metiéndome. Hasta que logramos, con un par de compañeros y amigos, internarnos en el corazón mismo de la estructura del EZLN, romper con las barreras de la desconfianza y construir un nivel de confianza que nos permitió quedarnos con ellos. Nosotros veíamos llegar las camionetas de la CNN , hacían la entrevista y se iban sopladas, ni siquiera aceptaban mordisquear una tortilla porque seguramente les daba asco… nosotros nos quedábamos un mes. Y un mes en el cual no trabajábamos, porque no era la misión, sino que el mes era estar ahí, conversar con la gente, tratar de entender exactamente en qué consistía la motivación. Y, una vez que ya lo teníamos todo claro, se rompían esas desconfianzas, se producían los diálogos, se producían las conversaciones largas en las noches con el subcomandante Marcos, o con los comandantes, o con la tropa, o con la gente de las comunidades que no eran tropa de nada, y logramos construir una visión, una mirada… desde afuera pero internados. Una mirada que se convirtió en tres libros finalmente, y en un documental. Y ahí fue el primer documental.

Ch.I. ¿Y de ahí a El Despojo?


Dauno
No es solamente una historia mía, es una historia del colectivo. Nosotros no somos figuritas. Nosotros somos un colectivo que se llama Ceibo Producciones, que está compuesto por el Ítalo Retamal, que su función principal es la de producción. Pero, además, el Ítalo hace segunda cámara, hace el sonido y hace la investigación en conjunto. Luego está Marcelo Vega, el muchacho que está aquí presente, que su función principal es la fotografía y la edición, pero que está también en la investigación en terreno de los asuntos que abordamos. Está también Martín Correa, Martín “Chin Chin” Correa, historiador, que trabaja ahí sí que muy estrechamente conmigo en el análisis de datos, en ver por dónde va el tema, en el sentido ideológico del guión, y estoy yo. Ese es el equipo básico de trabajo, por lo menos en El Despojo.
Hace bastantes años, el año '85, con Martín empezamos a trabajar vinculados al movimiento reivindicativo de territorio del pueblo mapuche. Nosotros desde la vertiente de los estudiantes universitarios organizándonos para protestar o para enfrentarnos a la dictadura, acercándonos a las comunidades rurales. Nosotros con ese propósito, y luego dándonos cuenta de que había muchos propósitos que se imbrican o confluyen en el punto. O sea, que no era solamente pelear contra la dictadura y que los problemas de las comunidades mapuches no se acababan con la dictadura… nosotros nos dimos cuenta de eso el año '85. Los problemas del pueblo mapuche, y que también son nuestros, de todos los chilenos, se terminarán el día en que exista un respeto absoluto y una independencia absoluta en su territorio. Desde entonces, con Martín venimos trabajando este tema. No existía todavía en nuestra mente siquiera la sospecha de que nosotros algún día íbamos a hacer documentales… hacíamos un trabajo más bien político.
Y así fuimos avanzando… después, el año '88, nos enteramos por cazuela, porque en ese momento no era moda, de los conflictos que estaba viviendo la comunidad de Quinquén con algunas empresas forestales que estaban talando araucarias y desplazándolos de sus territorios arriba en el Valle de Quinquén, en la Laguna Galletué , en Icalma, en toda esa zona. Partimos para allá y decidimos registrar… fue la primera vez que dijimos: registremos este asunto. Y registramos con testimonio directo, con lápiz y papel y sacando fotos. Y luego hicimos un diaporama, con el que recorrimos bastantes escuelas y logramos incluso entrevistarnos con el que iba a ser el Presidente de Chile, el primero de la transición, Patricio Aylwin, a quien le mostramos el diaporama gracias a su hijo José, que estaba ya desde entonces muy sensibilizado con el tema mapuche. Y nos dimos cuenta del impacto que podía tener en realidad el llevar estas historias a un formato de difusión y de divulgación, sin que perdiera su peso específico en lo político. Es decir, no sacrificar la importancia política, no sacrificar el mensaje de transformación, de denuncia y de crítica, por consideraciones de los medios o de consideraciones estéticas. Sino que al revés: darle duro por el lado del contenido.
Grabamos desde el invierno del 2003 hasta abril del 2004. Hicimos no me acuerdo cuántos, creo que siete u ocho viajes a la zona en conflicto. Grabamos durante todos esos meses e íbamos editando simultáneamente. Íbamos produciendo versiones y versiones, que se iban hundiendo solas porque obteníamos mayor cantidad de material posteriormente o porque lográbamos romper con ciertas barreras de desconfianza con ciertas comunidades. Y al romper esas barreras de desconfianza, al lograr las confianzas, aparecían nuevos argumentos, nuevas fuerzas, nuevas voces, que venían a enriquecer notablemente lo que estaba hecho de antes. Entonces volvíamos a editar. Nosotros no tenemos una mirada como de: a ver este proyecto, nuestro calendario, nuestro schedule es este y nos atenemos a él, y tenemos una carta Gantt… ¡no, filo¡ ¡nosotros estamos preocupados del tema! De hecho, si hoy aparece un vuelco en el asunto, o nuevos antecedentes, o se produce un encuentro específico con una comunidad o con alguien que abra nuevas puertas, vamos a desarmar todo lo editado ¡de un documental que está terminado! ¡para seguir adelante!

Ch.I. El documental tiene un discurso masivo y una forma como para ser exhibido en los medios de comunicación convencionales ¿a qué responde ese estilo?

Dauno
Nosotros tenemos sumamente claro, y no es una angustia, dejó de serlo... porque en algún momento quizás tuvimos la ilusión de romper la barrera de los medios, pero no, para nada: no hay ninguna aspiración televisiva. Sabemos que esto no va para la tele. Y está fabricado en una forma tal que nos importa una hueva que no vaya para la tele. Creo que sería buenísimo que lo pasaran por la tele. Creo que sería muy bueno que lo pasaran por Canal 7, un día sábado a las diez de la noche, y que lo vieran tres millones de chilenos ¡creo que sería muy bueno! Pero sabemos que eso no va a pasar. O por lo menos no ahora, ni en los próximos años...
Hay cortes, está estructurado en torno a la idea de bloques, pero eso es una opción de estilo académico. Está pensado el documental, más que nada, para que sirva como un documento de discusión. ¿Quiénes son los destinatarios fundamentales y principales? Son dos, que creemos que funciona bien con los dos: las propias comunidades. Este es un documental que nosotros lo palabreamos, lo conversamos, lo discutimos, nos peleamos, nos reconciliamos, con muchas comunidades y organizaciones y en particular con la Coordinadora Arauco Malleco. Hasta que llegamos a un formato en que ellos nos dijeron: a nosotros nos sirve esto, nos sirve un documental que nosotros podamos pasar en las comunidades sin la presencia de ustedes, y que en esa discusión del documental nosotros podamos generar conciencia al interior de una comunidad que esté poco desarrollada, poco organizada, para que se organice y se coordine en la defensa territorial, en la necesidad de defender el territorio, en la necesidad de expulsar a las forestales, en la necesidad de formar organización. Eso por un lado. Y por otro lado, necesitábamos un documental, nosotros, que además en aquellos circuitos donde sí llegamos, que son los circuitos estudiantiles, sindicales, poblacionales, donde hay una predisposición, una simpatía previa a la resistencia mapuche, haya también ahora una comprensión de las motivaciones profundas, y romper un poco con el tremendo paternalismo que hay en la izquierda en este país, con todos, pero sobretodo con los pueblos indígenas, para que haya un respeto por la autonomía, un reconocimiento de las formas propias de organización… entonces esos cortes son bloques temáticos, no es aspiración televisiva, para nada.

Ch.I. ¿Cómo lo han hecho para sustentar el colectivo audiovisual y sus vidas individuales?


Dauno
A ver, lo primero es que nosotros no postulamos a los fondos concursables. Sí lo hacemos, pero con otras cosas, nunca ganamos, pero eso es otra cosa. Pero estos temas no los llevamos al FONDART, porque sería una contradicción muy, muy grande, en El Despojo tener en portada un sello del Gobierno de Chile. Nosotros estamos diciendo que el gobierno y el Estado chileno, es un Estado asesino y ladrón, que asesina a mapuches y le roba a los mapuches. O sea, no podemos tener el sello del Gobierno de Chile en la portada, por una cuestión de principios básica. Así como tampoco le vamos a pedir plata a ninguna empresa privada, porque la gran empresa privada es la que hace que el gobierno y el Estado chileno se comporte como se comporta con el pueblo mapuche. Entonces por ahí no va la cosa. Claramente tenemos que buscar por otro lado. Entonces, ¿cómo lo solucionamos? En primer lugar lo solucionamos con un acto de constricción personal, propia. Sabemos que no podemos hacernos un sueldo con la factura de un documental. Si nosotros quisiéramos hacernos un sueldo haciendo un documental al año, tendríamos que vivir en Estados Unidos, no acá. Prácticamente el cien por ciento de los recursos que logramos conseguir picoteando por aquí y por allá los destinamos a la producción. Quisiéramos que no fuera así, claramente, pero es la realidad. Entonces eso nos obliga a cada uno de nosotros a tener otras pegas, lo cual va en detrimento del tiempo que le podemos dedicar al documental. Cada uno hace lo suyo. Marcelo edita para quien lo pide un trabajo de edición; yo he terminado haciendo guiones para programas de televisión; y así cada uno hace lo que puede para subsistir, con el compromiso entre nosotros como equipo de trabajo de dedicarle el tiempo necesario a los documentales. Y que, cuando lo exija el documental, robarle tiempo a las pegas remuneradas. Y si hay que ir a grabar al Sur sabiendo que hay la plata justa para grabar y comer, y significa sacrificar otras pegas, es un compromiso como equipo de trabajo. En cierto sentido, y yo me río también con los cabros, es una especie de militancia, es súper parecido. Pero no hay otra forma, yo no creo que haya ninguna otra forma.

Ch.I. ¿Y tienen algún tipo de sistema de financiamiento específicamente para sus producciones?

Dauno
Estamos creando una red. Los resultados de los documentales previos permiten ir creando intereses de personas particulares que están dispuestas a poner algo de sus platas para que esto funcione. Hay un señor que tiene una productora, donde hacen comerciales. Y, enterado de lo que estábamos haciendo, nos dice: -Yo siempre he querido ver un buen documental sobre el tema mapuche, así es que si yo los puedo ayudar en algo… –Sí, claro que nos puede ayudar, le dijimos, necesitamos plata. Y, claro, no cubrió los costos del documental, pero ¡pucha que ayudó! Y así ha funcionado. Con el que estamos haciendo ahora también ha funcionado. Un cabro bien joven, casi de la mitad de la edad que tenemos nosotros, tenía un billete con el que se iba a comprar un camión. Y cuando se enteró de lo que estábamos haciendo, dijo: sabís que pico con el camión y aquí está la plata. Estamos trabajando con la plata de un camión que iba a ser su base de sustento, porque él tiene la confianza y la convicción de que era más importante hacer esto… y claro, con la esperanza de que este documental le pueda retribuir si es que se vende en alguna parte, por lo menos parte de lo que él invirtió… pero son ese tipo de relacionas las que se van forjando.
Lo otro es que con El Despojo, producto de esta gira en que salió el documental a festivales y lo vio mucha gente afuera, empezaron a llegar mails de personas de Holanda, de Alemania, Agrupación de Chilenos por la Vida y la Democracia de Equis ciudad de Europa, que nos dicen que en qué nos pueden ayudar. Y ahora se están produciendo situaciones impresionantes como que, en unos días más, hay una kermesse-cena en Ginebra, organizada por los chilenos residentes en Ginebra, donde los fondos recaudados van a venir a financiar el documental que estamos haciendo ahora. También hemos postulado a algunos fondos específicamente de cine documental, pero nos ha ido mal afuera, como el Jan Vrijman… no nos ha resultado. Ahora estamos postulando a un fondo suizo que se llama Fund Sud y, bueno, estos días sabemos los resultados. Pero, en el fondo, estamos desarrollando la experiencia.

Ch.I. Con todo lo pro mapuche que es el documental, se nota que se preocuparon de tener diversidad de fuentes sobre el tema ¿qué hay detrás de eso?

Dauno
La preocupación fundamental no es buscar la objetividad mercurial. Por eso fue innecesario tener una voz en off. Porque se fortalecía de tal forma el discurso de las comunidades al contrastarlas con el discurso de las autoridades, que nos estaban haciendo el gran favor don Patricio Aylwin, nos estaba haciendo el gran favor don Fernando Léniz, nos estaban haciendo el gran favor Oscar Carpenter y Jorge Luchsinger, de hablar en cámara para decir las burradas que dicen… y que no haya más necesidad de ponerles más antagonistas que las propias comunidades. Era innecesario decir nada más, desde mi punto de vista.

Ch.I. ¿Cuál ha sido el circuito de exhibición de la película?


Dauno
Las personas pueden pedir una copia del documental con el Ítalo en la oficina, en Ceibo Produciones. Nosotros la entregamos a cambio de que nos den un DVD o un VHS virgen, para ir reponiendo. Con la autorización absoluta de nuestra parte, sabemos que cada copia que se va es luego reproducida y multiplicada. Nosotros lo hemos visto, sabemos que está a la venta en Franklin. Eso por un lado. Las comunidades que participaron, por otro lado, recibieron cada una su copia. El primer estreno, antes del Cine Arte Alameda, lo hicimos en Temuco. Luego se ha ido por el circuito de los festivales, y luego se interesó Telesur de Venezuela. Ese ha sido el circuito. Además de que nos llaman mucho para mostrarlo, a distintos lugares.

Ch.I. ¿Qué opinas de los documentales políticos que se están haciendo en Chile?

Dauno
He visto, pero no mucho en realidad. La verdad es que soy súper poco cinéfilo. Pero he visto Estadio Nacional, de Carmen Luz Parot, fui a ver Salvador Allende, del Pato Guzmán, vi Malditos, que Malditos también es político, además que compartimos casa con el Pablo, jaja. Me parece buenísimo que se hagan, y mientras más se hagan mejor. Y creo que hay una posibilidad muchísimo más grande ahora … o sea, del punto de vista técnico, nosotros podemos hacer documentales ahora con una cagada de computador. Eso se puede hacer ahora, no se podía hacer hace diez años. Hoy el Avid es un programa que viene en un CD, que lo podís piratear. Antes el Avid era una máquina que costaba treinta mil dólares.
Ahora, en qué cosas no me identifico, o no nos identificamos como grupo: en tratar de quedar bien con Dios y con el Diablo, en tratar de no pisar demasiados callos o en tratar de pisarlos suavemente. Yo creo que cuando uno hace documentales políticos, tiene que ir con zapato de clavos, de todas maneras… ¡porque esa es la función que uno tiene! Estamos diciendo las cosas que mucha gente quiere decir pero no tiene dónde decirlas. Y si tú tienes la mínima posibilidad de decirlas, y que repercuta, tienes la responsabilidad de decirla con fuerza. Y sin consideración. Yo no creo que la Democracia sea el sistema político de los consensos. La Democracia para mí es la situación social que permite que cada uno diga las cuestiones de frente. Y aquí, en este país de mierda ¡andan todos con pantuflas!

Ch.I. ¿Algo más que agregar?

Dauno
Emmmhh… a los que tengan billete y mala conciencia que lo pongan para hacer documentales, jajaja.

 
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