Ch.I. En noviembre de 2005 organizaste el IV Festival en Ovalle ¿cuál fue la evaluación que se hizo después de todos estos años de trabajo?
Rodrigo Yo creo que el año 2005, al finalizar el festival y haciendo los análisis posteriores, nos dimos cuenta de que al fin logramos conformar un equipo de trabajo real, permanente. Y a pesar de que es una vez al año, y que es difícil mantenerse porque no hay recursos como en los festivales grandes como para poder pagarse un sueldo, y donde además toda la gente que está alrededor del festival tiene otras actividades, y de que es difícil dedicarle el ciento por ciento - aunque yo sí personalmente estos últimos años de mi vida se los he dedicado al festival - ha tenido su recompensa. Recompensa en el sentido de un reconocimiento a una ciudad tan pequeña…
Yo partí a los dieciocho años con este cuento, y ahora tengo veintitrés… Para mí Ovalle era absolutamente desconocido. O sea, era una ciudad ajena, que llegué de visita y me quedé, y me fui quedando, quedando, quedando, hasta que me quedé a vivir allá. Ovalle tiene una severa crisis o depresión cultural. Es una ciudad más ligada al tema agrícola que al tema cultural. La gente que vive al interior tiene esa cosa más cerrada, más opaca… no tiene esa cosa tan cálida como tiene la gente de la costa. Esa cosa del Norte seco... la gente también es un poquito seca, es verdad. Y está todo lejos… Ovalle, imagínate que está a ochenta kilómetros de La Serena, y en esos ochenta kilómetros hay sólo valles y cerros.
Ch.I. ¿Cuáles crees que son las oportunidades que ofrece hacer un festival regional como el de Ovalle?
Rodrigo Los festivales de regiones yo creo que cumplen una misión totalmente distinta a un festival internacional. Para mí, el Festival de Viña, el Festival de Valdivia, los festivales que se hacen en Santiago como el FIDOCS, como el de la Católica , o el de Valparaíso, son festivales demasiado importantes, incluso referentes para muchos de nosotros.
Los festivales regionales tienen una misión distinta, porque tienen que preocuparse de la gente de ahí. O sea, y es una crítica súper fuerte que sé que va a ser súper discutida, pero los festivales de regiones no tienen para qué mirar para afuera. Porque por más que se llamen internacionales, por más que sean iberoamericano o latinoamericano o el título rimbombante que le quieran colocar, siempre va a ser tan localista… independiente de la programación. Porque tú te puedes conseguir las películas muy fácil… con las comunicaciones, te metes al Messenger y cae lo que quieres, pero no por eso son internacionales, no por eso tienen un carácter mundial ¡no! En los festivales pequeños, como el mío y como muchos otros, la preocupación principal tiene que ser la gente de ahí. Siempre he dicho lo mismo: la gente de pueblos, como son en nuestros festivales, no tiene acceso a un buen TV cable, a una buena televisión, a un cine local. Y algunos que los tienen, como es Ovalle que tiene un cine, ¡es netamente comercial! y está a punto de cerrar, porque tampoco la gente va a ver ese tipo de películas porque llegan un mes después.
Entonces, ¿por qué tienen tanto éxito a veces los festivales locales? ¿por qué tienen tanto público? Independiente de que muchas veces ni siquiera entienden a lo que van, porque pasa… porque es LA actividad que existe. Incluso te puedo poner de referencia el Festival de Rengo, donde además soy coordinador general y padrino porque lo creamos con la gente de allá: ochocientos cabros jóvenes en un teatro maravilloso, espectacular, tremendo de grande. Y no es por tratar de ignorante a la gente, pero tú lo que les pongas, van. ¡Y es porque además de eso no tienen acceso a nada más! Imagínate si además de eso llevas a un actor conocido, de teatro, de televisión: más lleno todavía.
Hay fenómenos, como pasó en Rengo el año pasado. Yo llevé mis cartitas bajo la manga y dije: vamos a probar al espectador de Rengo. Entonces llevé los cortometrajes del Pepe Maldonado… como su estilo es bien under, películas para un público selectivo, y dije: los que se queden al trasnoche hasta la una de la mañana... no todos pero la gran mayoría, es porque aman el cine. De las ochocientas se quedaría el diez por ciento: ochenta asientos. Pero en un pueblo de cuarenta mil habitantes, que se queden a la una, a las dos de la mañana ochenta personas a ver cortitos y totalmente diferente a una película comercial que se puede haber estado dando en el momento, como puede ser la del Ché Guevara, Diarios de Motocicleta… Yo creo que ese era el momento más especial para nosotros, porque sabíamos que esas personas iban a salir conversando del tema, lo iban a discutir, a criticar, o sea, realmente lo iban a disfrutar.
Rengo tiene su realidad, Lebu tiene su realidad, Viña tiene su realidad: todos los festivales tienen su particularidad. Por ejemplo, a nosotros en Ovalle nos pasa que vemos una sala con doscientos cincuenta personas, y ya es un éxito. Porque no hay nada más… o sea, que una persona que vive en el campo se sacrifique, que sabe que ni siquiera va a tener un bus para volver, se quede en la ciudad, vaya al cine, entre gratis… porque hay mucha gente que ni siquiera conoce el cine, hay mucha gente que ni siquiera conoce el mar.
Ch.I. ¿Y cuáles son las dificultades de hacer un festival de cine en provincia?
Rodrigo Dificultades tenís millones, pero entre las principales obviamente que están los recursos. Yo creo que esa es otra cosa que he aprendido durante todo este tiempo: aprender a sintetizar. A sintetizar, a economizar, no solamente a nivel del festival sino que también a nivel personal, jaja.
Dificultades yo creo que siempre va a haber muchas, pero fíjate que está al mismo tiempo la tecnología, el trabajo en equipo, el poder de la palabra, jaja. Hay un montón de cosas, la credibilidad sobretodo, que te ayudan a llegar mucho más allá. Nosotros hemos hecho el festival con casi pura empresa privada. Yo creo que hay dos cosas: un buen equipo de trabajo, credibilidad, una buena idea… bueno y ahí se van sumando muchas cosas, pero siempre hay dificultades. Claro, con el tiempo hay cosas que ya se van haciendo mucho más fácil, como la programación, que uno ya se maneja y sabe cómo orientar la convocatoria, el cómo, a dónde, mails… todo un tema. Pero para hacer un evento como es un festival de cine se necesitan recursos, un mínimo de recursos. Y cuando no puedes con los fondos públicos, tanto locales, regionales o locales, tienes que acudir a las empresas, golpear puertas y decir: apueste… porque el festival se tiene que hacer.
Ch.I. Tú también has participado en la organización de festivales grandes chilenos, ¿cuál es tu visión de ellos viniendo de la región?
Rodrigo Lo que pasa es que los festivales grandes son necesarios para los chicos. Yo creo que debiera existir mayor asociatividad en ese sentido, y no la hay. Para Ovalle, competir con Valdivia o competir con Viña no tiene sentido, o sea… incluso competir entre festivales, porque cada festival ya en sí mismo es distinto: porque está en una ciudad distinta, porque el público es diferente, porque tienen temáticas distintas. O sea, a mí no me interesa competir con mis pares de Viña, ni El Bosque en Santiago ¡porque todos tenemos intereses distintos!
Los festivales grandes deberían unirse con los chicos. Por ejemplo, los festivales chicos que quieren ser internacionales: hagan asociatividad con los más grandes, busquen las películas a través de esos festivales, a lo mejor las van a poder traer mucho más fácil. A lo mejor, en un momento determinado voy a seguir ampliando mi competencia internacional, que ahora puede ser Argentina, Perú y Bolivia, pero que puede que sea Colombia, Ecuador, Brasil, y qué mejor festival que el de Viña para poder asociarme con ellos, que tienen la red de contactos, y poder trabajar juntos. ¡Pero no puede existir competencia! ¡porque es un mercado tan re chico!
Por ejemplo nosotros logramos entendernos… todos los festivales nacionales, o sea, los festivales pequeños - Antofagasta, Caldera, Viña, la muestra en Chiloé - armamos una red y nadie se cruza con nadie. Nos ponemos de acuerdo, y si alguien tiene dudas nos consultamos entre todos, nos hemos tratado de conocer entre todos, nos tratamos de invitar, de unirnos, de trabajar ¡y se ha logrado! |