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RODRIGO DÍAZ, DIRECTOR DEL FESTIVAL DE CINE LATINO DE TRIESTE

"... mi juicio en cuanto a la producción nacional: es escasa, es modesta, no guarda ninguna relación con la salud económica de este país, no guarda ninguna relación con la cantidad de personas que en este país hacen cine y no guarda ninguna relación con todos aquellos jóvenes que se están hoy día formando y que mañana van a entrar a un mercado del laburo que puede ser para ellos casi inexistente"
     

Ch.I. ¿Cuál es tu visión, como director de un festival latino en Europa, del mercado cinematográfico chileno?

Rodrigo
Mira yo tengo un juicio duro, pero no hacia los cineastas, sino que este país no valoriza sus talentos. Y cómo en este país hay ausencia de proyectos en la escena cultural que permita que la gente pueda realizar lo que tenga en la cabeza, de la mejor manera. Te pongo un ejemplo. En Buenos Aires se invita a todas las figuras del cine para que se encuentren con el mundo local del cine, y ahí nacen mil proyectos. Argentina es un país que hoy día produce mucho más cine que Dinamarca, que Bélgica, que Luxemburgo, que Suiza juntos, y no tiene mercado interno. Como no tiene mercado interno, ese respiro internacional permite que en el país se continúe dando a promover la propia cultura y la propia producción nacional.
En Chile, en vez de hacer esto, van 30, 40 personas de acá al extranjero, creo que la mitad va sin agenda. Y eso se inscribe en un contexto de improvisación, o de entusiasmo, que tiene que ser discutido, reflexionado entre todos los actores. Le cabe la responsabilidad no sólo a las autoridades institucionales, le cabe responsabilidad a los cineastas que tienen que impulsar un tipo de terreno, de condiciones para que haya un diálogo con las instituciones para que pueda crearse finalmente un proyecto que pueda sacarle partido a todas las potencialidades, el talento nacional. No es posible que la gente viva batallando para hacer una obra, porque esa batalla es profundamente dañosa para la tranquilidad y la profunda serenidad que tiene que tener el realizador o el productor, que tiene que vivir dándose cabezazos para obtener financiamiento para un proyecto. Creo que lo existente es muy insuficiente y, si no hay medios nacionales, hay que crearlos adentro para que lleguen capitales. Así como hay una feria que estaba por Cerrillos...

Ch.I. La FISA

Rodrigo La FISA , que busca encontrar otros productos y en otros periodos del año. Lo mismo ocurre en el cine ¿por qué ir afuera? Tú afuera vas como acto consecuencial y no como primer impulso, porque no sirve. Y no es la primera vez que se hace con un festival afuera, ya se hizo hace unos años cuando estaba Sergio Trabuco. Entonces, si yo hago este preámbulo tú entenderás cuál es mi juicio en cuanto a la producción nacional: es escasa, es modesta, no guarda ninguna relación con la salud económica de este país, no guarda ninguna relación con la cantidad de personas que en este país hacen cine y no guarda ninguna relación con todos aquellos jóvenes que se están hoy día formando y que mañana van a entrar a un mercado del laburo que puede ser para ellos casi inexistente. Como dijo una vez García Marquez pensando en la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños en Cuba: “estamos corriendo el riesgo que ustedes sean los desocupados mas caros de Chile”

Ch.I. En tu opinión ¿cuál puede ser la utilidad real para el cine chileno en su conjunto de las misiones a festivales extranjeros?


Rodrigo Es decir, no es un paso equivocado, el problema son los tiempos. Es decir: ¿qué viene antes? Se supone que en un film lo que viene antes es la preproducción, bueno también en este campo. También este campo tiene fases previas. El primer paso es otro. El primer paso es crear las condiciones para que la gente chilena del medio alcance una visibilidad internacional. Y no la va a lograr en un mundo donde van miles de personas y que, si tú no conoces, al único que vas a saludar es al portero, pero mas allá no vas a pasar. O es muy peligroso o es un desgaste económico innecesario. Raramente se construye en el mercado. El mercado inicia algo que después prosigue, y se termina en otro mercado: si tú le das inicio a eso acá, después puedes ir a amarrar allá. Es acá donde tienes que sacar a la gente de un delirio de un mercado como Cannes: si tú los traes acá, los llevas a la localidad de Charagua, o alguna otra zona de allá, y le llevas dos o tres productores y con ellos contratan las cosas, en un contexto diferente. Yo te puedo decir, poniendo un ejemplo al respecto, que los mejores acuerdos que he hecho con el Ministerio de Cultura de Italia los hice en días pasados en Buenos Aires y no en Roma, porque los saqué de su mundo donde hay secretarias, telefonadas, faxes, papeles que firmar, todo lo que es el trabajo de una persona con responsabilidades. En Buenos Aires lo único que tiene es un celular que no siempre pesca las llamadas desde afuera. Entonces, tranquilo en un desayuno, tú llegas a los acuerdos que allá no vas a llegar. No estoy diciendo nada nuevo, simplemente estoy en la experiencia de vida, pero por otro lado es entender cómo tienes que moverte para que las cosas puedan proceder de un cierto modo. Aquí, si tengo que ser franco y sincero, no hay festivales, aquí hay un uso impropio de ciertos eventos que en los años ´60 y ´70 se llamaban reseñas, muestras, hoy día le llaman festivales. El concepto de festival es otra cosa. Ahí deberían pensar en jugarse por una cosa parecida, intentando casarlo con determinadas instituciones internacionales que puedan venir y que puedan aquí llegar.
Te pongo otro ejemplo. En Locarno, Suiza, que es un festival que está “acosado” por otros dos o tres grandes que son Cannes, Venecia y que es ahora Roma, para poder interesar a una figura que es el productor o el distribuidor, ellos hacen un mercado inducido. Es decir, se llevan 12, 10 ó 15 cineastas que tienen su trabajo en post producción, o ya terminado, los sacan del festival, se los llevan a una montañita y les llevan 15 ó 20 productores y distribuidores. Entonces ¿por qué no estar atento a lo que ocurre en el mundo y buscar sacar de cada uno lo mejor? Porque aquí no hay nada que inventar, aquí hay solamente que observar y ver cuáles son los mecanismos que puedan hacer de la producción audiovisual nacional una industria en grado de interesar a los interlocutores internacionales ¿por qué Argentina lleva tres años en Venecia y en Berlín? No es por acuerdos de gobierno, no es que tienen ojos claros, oscuros, que son más bonitos. No. Es que se han generado las condiciones en ese país para que pueda existir una relación que permita que esa gente acá se estimula y produzca, que vengan acá, conozcan y estimulen, porque después generan otros proyectos. Generan estímulos tales que la gente le da a la cabeza, y logran producir obras que son de interés internacional. No todo es el paraíso obviamente en Buenos Aires. Yo organizo cada año con los productores argentinos encuentros con los italianos que van, y en la discusión me he dado cuenta que hay problemas nuevos, que tienen que ver con una lectura europea respecto a América Latina, pero no todo puede ser como quieren los amigos argentinos.
Entonces, mi observación es una observación respetuosa, con el afán por último de contar mi experiencia y mi relación de contacto en la vida cotidiana que llevo. Yo no tengo ningún título para condenar a nadie, no tengo ningún título para criticar, lo que yo hago son solamente observaciones que creo son las que pueden ayudar a la gente de mi mundo, el mundo del cine y el mundo específico del cine latinoamericano, el mundo específico del cine de mi país.

Ch.I. Mencionabas que el director y el productor viven atormentados por la distribución, la venta y todo eso. Aquí todo el mundo vive así…

Rodrigo Que el director sea a veces el productor, es fatal, es fatal… Es una de las razones por las cuales no se produce buen cine. Porque no puede ser que el director después de un día intenso de trabajo le esté dedicando tiempo a cómo producir al día siguiente, porque lo saca de cómo imagina el film, lo saca de la fantasía, lo saca del talento y lo lleva a un terreno que es tortuoso, en cualquier país latinoamericano y del cual no escapa Chile.
Si queremos que Chile sea diferente respecto al resto, así como lo es en lo económico, en lo cultural y en lo artístico hay que crear nuevas condiciones. Y las nuevas condiciones no dependen del que estudia producción, depende del matrimonio entre el mundo del cine, el mundo empresarial y las instituciones públicas. Sin un encuentro entre los tres es bien difícil que la producción pueda ser un ramo que no tenga que asumir el director, y tenga que pagar las consecuencias el filme. Porque el que paga las consecuencias es la obra, no la gente: la gente después no va a ir a ver el filme.
Hoy por hoy no basta una ley de cine, se requiere una buena ley de cine. Ley de cine tiene hasta Ecuador, no quiero ofender a los ecuatorianos, pero no basta porque se requiere que sea buena, que sea eficaz y que responda a todos. El cine no es como vender papas, o cebollas, o bolsones: es cultura, es la identidad de un país, es la posibilidad de que una comunidad humana pueda producir sus propias imágenes y no las vaya a comprar a otro país. Es un desafío enorme, de por medio va la identidad de una comunidad, va su memoria, va su futuro, va su presente. No puede ser que la gente tenga que hacer obras que al final no era lo que quería hacer, y no porque no pudo hacerlo desde el punto de vista artístico sino que económico. No puede haber insensibilidad.
Ese es un problema no pequeño, y este es un país que tiene los medios para poder resolver, tiene la inteligencia para poder resolver, falta la voluntad. Además de la voluntad seguramente falta sensibilidad. Bueno… a la voluntad se llega con la sensibilidad. La sensibilidad presupone el interés también en este tema, el compenetrarse de ese mundo, entonces hay que colocar a los dirigentes que entienden en el puesto justo, los cuales van a poder hacer una política más cercana los intereses no del cineasta sino de la comunidad. Entonces hagamos esta estrategia, tengámoslo presente, respetemos a cada figura del cine y busquemos puntos de encuentro respecto a lo factible, respecto a lo posible.

 
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